Un piano y una voz bastaron para convertir la velada en un inesperado sortilegio. Una suerte de pasaje a otra dimensión donde la música no sólo se escucha, sino que también se puede oler, tocar y hasta degustar. El concierto que ofrecieron el miércoles en el Teatro Alberdi el barítono Gustavo Ahualli y la pianista Celina Lis llenó todos los sentidos e hizo viajar a una platea que los aplaudió a rabiar.

El programa, integrado por canciones de compositores poco frecuentados en estas latitudes, provocó que ese viaje fuera, para algunos, una travesía de descubrimiento. Los temas de "Canciones y danza de la muerte", de Modesto Mussorgsky (1839-1881), conmovieron no sólo por la contundencia sonora de Ahualli, sino también por el hondo dramatismo de sus melodías. El realismo, que constituye un rasgo tan destacado de la literatura rusa del siglo XIX, está ejemplificado en Mussorgsky no sólo en el hecho de imitar la palabra hablada, sino en la descripción musical. Algo que quedó plasmado en el concierto de una manera impecable.

Y para apaciguar tanto dramatismo, Ahualli y Lis interpretaron las canciones de "Flores argentinas", de Carlos Guastavino, lo que le dio un acento criollo a la velada. Por momentos daba la impresión de que el aroma de la madreselva, del jazmín y de la rosa invadían la sala en el momento en que Ahualli interpretaba las canciones dedicadas a estas flores.

A la hora del romance, Ahualli y Lis optaron por los temas que integran la pieza "Don Quijote a Dulcinea", de Maurice Ravel. Y la elección fue acertada: el público, aún embriagado por los aromas de Guastavino, aplaudió de pie a los artistas.